Como he repetido muchas veces desde esta columna de mi blogs, que afortunadamente me permite exponer mi opinión libremente, la Tierra es un bien finito, que nos pertenece a todos sus habitantes y que, contradiciendo a los paladines del consumismo, no tiene una capacidad eterna de recuperación.
No basta con poner cajas para papel reciclado en las oficinas del Ayuntamiento y organismos pùblicos, sino que los ciudadanos debemos clamar por políticas sostenibles, basadas en la sostenibilidad y en el futuro en lugar de en el beneficio inmediato. Y no sólo por cuestiones de ecologismo trasnochado o utópico, sino por necesidad de vuelta a modelos que económicos que rompan la dependencia a la que ahora estamos sometidos: El capricho de bancos y grandes instituciones financieras.
En Jerez, debemos renunciar al ladrillazo y mirar más a nuestro campo, fomentando el turismo sostenible, los huertos de ocio y la explotación racional de nuestros recursos. Fomentando la sopa campera y las papas aliñà para ir descartando ese subproducto de la especulación urbanística que es “el chorizo”.


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